¿MATERNIDAD VERSUS SEXUALIDAD?
Dra. Ana María del Rosario Asebey Morales
La maternidad es un tema que ha sido abordado por la mitología, la religión, el arte, la literatura y la ciencia. En ella se han inspirado grandes pintores, escultores, poetas y escritores para sus creaciones. De ella se han ocupado varias disciplinas en un sin número de investigaciones con diferentes enfoques: biológicos, psicológicos y sociales.
En la mitología, la maternidad está representada por diosas imbuidas de un gran poder de fertilidad y reproducción. Las diferentes civilizaciones glorificaron a la maternidad desde las primeras etapas de su evolución, a través de una gran cantidad de símbolos, leyendas y relatos. Así por ejemplo, encontramos que en la cultura incaica del Alto y Bajo Perú, hoy Bolivia y Perú respectivamente, la maternidad está representada por la tierra a la que se la conoce como la Pachamama, que simboliza la creación eterna y la sombra de la tragedia; ella origina la vida y a ella se retorna cuando llega la muerte.
Sobre ella nos dice Antonio Díaz Villamil: "Del seno de la tierra brotó un formidable estruendo. Se abrió la corteza, y del abismo negro brotó a la superficie una inmensa figura de mujer. Era el genio de la tierra o sea la Pachamama. Su majestuosa figura estaba aureolada de una luz suave que bajó del cielo aún estrellado del amanecer, mostrando a los mortales todo su esplendor de diosa." (1979 pág. 43).
Desde la perspectiva religiosa, (católica, apostólica y romana) la maternidad es simbolizada por una ambivalencia, así encontramos a una Eva creada de la costilla de Adán, pecadora y seductora que desobedece y erotiza, siendo castigada por el Creador a "parir con dolor". Y a una Virgen María, que concibe por obra y gracia del espíritu santo y se consagra en una imagen purificada que es idolatrada y respetada por los feligreses.
Díaz Conty (1985), nos relata cómo en la historia de la cultura mexicana, esta ambivalencia se desplaza a Malitzin Tenepal mejor conocida como la Malinche y a la virgen de Guadalupe; la primera es una realidad convertida en mito y la segunda es un milagro hecho realidad, es la madre venerada, prohibida, inalcanzable y asexual. La Malinche en cambio encarna a la imagen femenina seductora poseedora de un hermoso cuerpo que invita al pecado de la carne, que coge, que da placer al hombre, y abandona sin culpa alguna al hijo que concibió en su concubinato con Hernán Cortés y a la hija que tuvo con el también conquistador español Juan Xaramillo, imprimiendo en su imagen un sello de devaluación y de traición a su pueblo.
Así pues, observamos que en la historia de la humanidad, la maternidad siempre ha estado ligada al rol femenino que conlleva a actividades relacionadas con la reproducción y la crianza de los hijos. Desde muy pequeña la niña es preparada y educada para esta función y se le enseña que por medio de ella llegará a realizarse como mujer, reprimiendo parcial o totalmente su libido activa, como lo señalan Freud (1905, 1923, 1925, 1927, 1931); Langer M. (1964, 1968) y Ramírez S. (1970, 1977).
De ahí, que su identificación con dicha función determine en gran medida su concepto de sí misma y su valor en la sociedad, especialmente en culturas machistas como la nuestra, donde el contexto familiar, social y los medios de comunicación, alientan esta situación con mensajes contradictorios que disocian la maternidad del acto sexual que la origina; lo cual desencadena una diversidad de conflictos en muchas mujeres que no pueden concebir la idea de que ser madres esté vinculada al placer sexual.
La capacidad de la mujer para ser madre, ha causado siempre gran impacto sobre la opinión que de ella tienen los demás y sobre la percepción de sí misma y sus roles. En cambio su capacidad para proporcionar placer sexual al hombre ha sido altamente valorada o por el contrario es completamente menospreciada en diversas situaciones.
Así por ejemplo, Mary Langer (1964), nos habla de las observaciones que realizó Kardiner (1945) en las islas marquesas, donde la mujer está obligada a renunciar a su función materna y a su maternidad, ya que es un objeto sexual para el hombre quien depende en gran medida sexualmente de la primera. En este sentido, la mujer tiene privilegios sexualmente frente al hombre, pero a cambio de esto debe renunciar al disfrute de su maternidad.
También Langer refiere las investigaciones efectuadas por Margaret Mead, publicadas en el año 1961 (Sexo y Temperamento); acerca de la vida social y sexual de los Arapesh, un pueblo primitivo de Nueva Guinea, donde la maternidad es una función prioritaria de la mujer por lo que es protegida y cuidada por el hombre para que sus capacidades procreativas no se lesionen, de tal forma que el propio hombre asume un papel maternal en estos cuidados a su pareja, que más tarde se extenderá a una identificación con su mujer embarazada, de donde Langer deduce que "…el marido comprendiendo el poder que la maternidad da a la mujer sobre sus hijos, le envidia su capacidad de dar a luz y se apropia mágicamente de ésta a través de la imitación del estado físico de la parturienta." (1968 pág. 18).
En el transcurso de una larga experiencia clínica con mujeres niñas, adolescentes y adultas tanto en el ámbito privado como institucional en México y Bolivia respectivamente, hemos podido percatarnos que estas mujeres aceptan pasivamente un papel donde la sexualidad está vedada y la procreación premiada, de tal forma que esto origina una seria contradicción entre lo genital y lo maternal. Es decir, que por un lado, se observa que muchas mujeres se acercan a la edad adulta con un miedo a la sexualidad, que le han remarcado desde pequeñas, desempeñando una maternidad que lejos de ser placentera es ejercida como una obligación.
Contrariamente, se escucha a otras mujeres que desde lo consciente manifiestan estar en búsqueda de su consolidación laboral, expresando que tal actividad es incompatible con el ejercicio de la maternidad, no así con el de su sexualidad genital.
Además, la evolución histórica nos muestra que, en las últimas décadas de este siglo, la mujer de nuestra civilización ha adquirido una notable libertad sexual y económica que la ha llevado a insertarse por necesidad y/o voluntad a los medios de producción, adquiriendo en ocasiones una auténtica independencia económica respecto al varón, con una relativa disminución de los prejuicios y presiones sociales en torno a la sexualidad y una transformación valorativa de la maternidad, expresada en su negativa consciente e inconsciente a ser madres.
Este fenómeno maravilloso en la mujer, tiene importancia y trascendencia en sí mismo, y es imposible que pierda esta importancia en manos de una sociedad que pide calladamente a la mujer un cambio en su estructura valorativa.
¿Qué sucede en nuestros días? Por circunstancias socioeconómicas, se le manda a la mujer moderna un nuevo mensaje que resulta ser conflictivo y desconcertante para ella, y aquella meta que toda mujer tiene fijada consciente y/o inconscientemente en la maternidad no resulta ser ya la meta primordial, la meta por excelencia, aquella por la que justificó su existencia y para la que fue educada.
La sociedad le pide otro tipo de metas; tiene puesta en ella una serie de expectativas, que si bien no se jerarquizan si se les imprime mayor importancia que a la maternidad, la que es sublimada y en el peor de los casos rechazada, expresando con esto un desacuerdo con su propio sexo y con su propia existencia.
En virtud de los casos observados dentro de una práctica clínica sustentada en marcos teórico técnicos psicoanalíticos freudianos, kleinianos, y postkleinianos de las escuelas inglesa y americana, así como en la teoría de los sistemas; podemos afirmar que la maternidad es un fenómeno maravilloso en la mujer, implica el triunfo de su propia identidad, por lo cual tiene importancia y trascendencia en sí misma. La aseveración de esta importancia, radica en tomar en cuenta que en la mujer existe una interrelación entre fenómenos biológicos y psicológicos.
Así encontramos, desde la menstruación hasta la menopausia se desarrollan en la mujer procesos biológicos destinados a la maternidad. Cada mes, su matriz se prepara para recibir el óvulo fecundado (por el espermatozoide masculino), gracias a la función endocrina de sus ovarios. Al respecto nos dice Magda Catalán "La naturaleza femenina, su biología concretamente, le posibilita la entrega, la gravidez, el parto y la crianza; experiencias definitivas que la marcan profundamente, no cabe duda" (1983 pág. 37). Más adelanta afirma "La maternidad es, desde siempre, un hecho indiscutible que ocupa un lugar concreto: el cuerpo de una mujer" (ibn. Pág. 80).
En el plano psicológico, tanto Freud, (1905, 1925, 1927-28, 1931), Deutch H. (1950), M. Klein M. (1961, 1964, 1969), Reik T. (1966) y Horney K. (1967); coinciden en que la maternidad es un deseo inconsciente que está presente en toda mujer y que ésta va o no a ser asumida y/o ejercida en virtud de su propia historia, de su propia experiencia como hija. Es decir, que el significado psicodinámico de la maternidad representado objetivamente por el embarazo, puede evocar conflictos de necesidades de dependencia, rivalidades con la madre, hermanos o funciones propias como mujer. Todas estas variables contribuyen a la reacción que la mujer tome sobre la experiencia de ser madre.
Señalaremos además que en nuestras observaciones, coincidimos con M. Langer respecto a que la relación de la mujer embarazada con su madre, se traslada de la total dependencia infantil a la dependencia de la madurez. La maternidad, la pone en igual nivel que su madre y le da oportunidad de establecer una relación madura con ella, o bien la induce a juzgarla desde su mismo terreno. Es decir, que cuando ésta va a ser o es madre se pueden observar las dos reacciones opuestas:
Además, la responsabilidad por el pequeño bebé da importancia y produce satisfacción e incremento de la autoestima; aunque también implica cierto monto de angustia y culpa por lo que pudiera sucederle al hijo.
Para finalizar este breve e incompleto análisis reflexivo de la maternidad, basado en conceptos teóricos sobre la femineidad y aunados a una práctica clínica concretizada con mujeres; señalaremos que convergemos con M. Langer en cuanto a que ninguna sublimación es del todo efectiva en el caso de la maternidad, ya que dentro del hecho de ser mujer va implícito el de ser madre.
En la medida en que la mujer, se asuma como hija primero y como madre después, estará facultada biológicamente para reproducir y paralelamente para disfrutar su sexualidad.
Esta función primordial denominada maternidad, puede ser ejercida con satisfacción y sin los sentimientos de culpa que originan la disociación de las dos funciones: maternidad versus sexualidad, necesarias en toda mujer; las que a su vez posibilitarán que la mujer sea productiva en otros campos, ya que al metabolizar esta conflictiva adquirirá su propia liberación y liberación implica responsabilidad.
BIBLIOGRAFIA
|
Febrero de 2004. Revista Electrónica de Psicología "La Misión"Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro Sus comentarios: lamision@uaq.mx |