La Universidad, debe ser competitiva,
dinámica,
adaptable, funcional, viable, reflexiva y responsable, especialmente
pertinente, eficiente y eficaz, no debe simplemente adaptarse a los
dictados de las condiciones y circunstancias del mundo globalizado.
El pensamiento es un bien que debe cuidar la Universidad para no
depredar su tradición reflexiva ni perder su naturaleza democratizadora.
La tarea del pensamiento dista de concluirse y se muestra necesaria;
es indispensable que la Universidad la promueva ampliando los recursos
con que educa, investiga y difunde la cultura. Para ello conviene
tomar en cuenta las estrategias que la UNESCO sugiere: la colaboración entre países e instituciones
y el apoyo de las naciones industrializadas a las menos desarrolladas; la cooperación
académica y científica a través de relaciones horizontales;
la globalización de la educación superior; la flexibilidad en los
sistemas educativos y en los planes y programas; la formación de redes
universitarias; la intensificación del uso de las tecnologías en
telecomunicaciones para extender los servicios a mayor número de personas;
la diversificación de fuentes de financiamiento para ampliar los servicios
y propiciar el crecimiento de la matrícula, en especial el acceso a la
educación superior como un derecho fundamental de la población.
La Universidad Pública debe asumir su responsabilidad académica
proyectando su quehacer en el contexto de las crecientes demandas sociales, respondiendo
también a los lineamientos de un proyecto educativo nacional y global,
convirtiéndose en una Institución socialmente pertinente, eficiente
y eficaz impulsando su desarrollo a partir de cuatro ejes: Calidad
Académica, Financieramente Viable, Políticamente Respetuosa y Públicamente
Responsable.
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