La Coordinación general de la Unidad Académica de Género (UAG), cuya función radica en las gestiones necesarias para proveer de los medios de operación ante las autoridades universitarias y hacia el exterior, así como la coordinación de las reuniones del centro, la duración de la gestión será de tres años. 

Por tal motivo se sugiere que la UAG sea integrada por una coordinadora o coordinador por área sustantiva, quienes a su vez representan el quórum de la coordinación general, con el objetivo de convocar a las reuniones de su área y apoyar en las gestiones de recursos e información sobre convocatorias en apoyo de la coordinación general.

La función específica de la coordinación de Género en Investigación y Posgrado es crear un plan de incorporación de la perspectiva de género en los posgrados e investigaciones de la UAQ.

La coordinación de Transversalidad de Género en la UAQ tiene como función gestionar las agendas y las facilidades para el desarrollo de talleres con docentes y estudiantes, así como talleres y laboratorios con el personal administrativo y la elaboración de documentos, argumentaciones legales y normativas de las actividades de la Unidad Académica de Género a nivel interno.

En el caso de Género en Extensión es una coordinación que tiene como competencia la gestión y la coordinación de la logística para el desarrollo de talleres, laboratorios y Diplomados con las instituciones y empresas.

Un área importante de atender es el Observatorio de Género de la UAQ, para lo cual se plantea la incorporación de personal responsable dicho proyecto pues este observatorio brindará la información necesaria para dar seguimiento a las actividades de la UAG, su función es documentar los logros y los retos en materia de género y violencia de género, así como orientación y canalización psicológica y asesoría jurídica.

 

1.Centro de Documentación “Cecilia Loría Saviñón” (Espacio Morado)

Objetivos

Brindar información, documentación y bibliografía para consulta, así como asesoría a estudiantes, personal docente y público en general en materia de género, mujeres, feminismos, diversidad y temas afines.

2.Administración de proyectos

Objetivos

Programar, presupuestar y administrar los recursos humanos y materiales del personal de la Unidad Académica de Género y de las y los investigadores integrantes

Mantener al día y dar seguimiento a la agenda de la UAG

3.Difusión y Comunicación

Objetivos 

Diseñar y dar seguimiento a la imagen corporativa de la UAG, así como de todos los eventos y acciones que se realicen.

Editar y gestionar las publicaciones generadas por el personal de la UAG

Administrar la página web.

Organizar las actividades de prensa y difusión de las actividades y eventos del la UAG

 

Con la finalidad de crear una cultura política de reconocimiento y respeto a la diversidad, en donde el género no implique desigualdad de oportunidades, nos reunimos los cuatro candidatos que contendemos por la rectoría, para el periodo 2012 – 2015, a fin de cumplir con el compromiso de la construcción de un proyecto de Universidad plural e incluyente que garantice la participación de mujeres y hombres en condiciones de igualdad, en todos los campos de la actividad universitaria, se propone la creación de la Unidad Académica para la Transversalidad de la Igualdad de Género, en el marco de los siguientes argumentos:

Se  ha insistido en que la educación superior es fundamental en la transmisión generacional del conocimiento, así como su producción, creación y por su responsabilidad histórica de promover un pensamiento crítico y cambios culturales a favor de los procesos de democratización y justicia social. En este sentido, es fundamental la incorporación en igualdad de oportunidades a la educación superior, particularmente, el acceso, permanencia y promoción de las mujeres que constituyen la mitad de la población de nuestro país.

Existen diversos instrumentos internacionales suscritos por el gobierno mexicano orientados a trabajar por la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, la UNESCO en el año de 1998, en el Informe de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior: La educación superior en el siglo XXI, definió como un aspecto prioritario en la Visión y Acción 1, eliminar las disparidades y sesgos entre hombres y mujeres en los programas de estudio y las investigaciones, y tomar todas las medidas apropiadas para asegurar una representación equilibrada entre estudiantes y profesorado de ambos sexos, en todos los niveles de la gestión.

Asimismo, en la Convención para Eliminar todas las Formas de Discriminación (CEDAW)1, que en su artículo 10 establece “eliminar la discriminación contra la mujer, a fin de asegurarle la igualdad de derechos con el hombre en la esfera de la educación...”.

Asimismo es importante mencionar que en la Declaratoria de la Conferencia Regional de Educación Superior en América Latina y el Caribe (2008) donde participó México quedó implícito que para “Dar satisfacción al aumento de las exigencias sociales por Educación Superior se requiere profundizar en las políticas de equidad para el ingreso e instrumentar nuevos apoyos públicos a los estudiantes [...]”. “Es necesario promover el respeto y la defensa de los derechos humanos, incluyendo el combate contra toda forma de discriminación, opresión y dominación; la lucha por la igualdad, la justicia social, la equidad de género [...].

En la normatividad nacional, se publicó la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (Diario Oficial de la Federación; 2006), que hace referencia a la igualdad de oportunidades en varias materias y toca en amplio sentido el tema de educación.

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia publicada en el (D.O.F. Febrero de 2007), se subraya que en el ámbito se tendrán que “Definir en las políticas educativas los principios de igualdad, equidad y no discriminación entre mujeres y hombres y el respeto pleno a los derechos humanos”.

Con respecto a la Política Nacional de Igualdad, cabe mencionar el Programa Nacional para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, 2008-2012 (PROIGUALDAD), el cual es de aplicación obligatoria para toda la Administración Pública Federal, cuyo Objetivo estratégico 5. que a la letra dice “Fortalecer las capacidades de las mujeres para ampliar sus oportunidades y reducir la desigualdad de género”, mientras que la Estrategia 5.1. estipula que se debe “Eliminar la desigualdad de género en todos los niveles y modalidades del sistema educativo y disminuir la brecha educativa entre mujeres y hombres”. 

Por lo anterior, es de suma importancia incorporar la perspectiva de género, para alcanzar la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en la matrícula por carreras, en los nombramientos académicos y participación en los cuerpos colegiados, en los puestos administrativos de las Universidades e Instituciones de Educación Superior, en la cultura organizacional de la academia, en los cuerpos directivos, en sindicatos y en organizaciones estudiantiles.

En este orden, en el año 2009 las instituciones de educación superior y las universidades públicas, nacionales y estatales, y sus representantes, en la “I Reunión Nacional de Universidades Públicas. Caminos para la Equidad de Género en las Instituciones de Educación Superior”, convocada por el Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, la Comisión de Equidad y Género de la Cámara de Diputados y el Instituto Nacional de las Mujeres, con el propósito de arribar a consensos que buscan promover la igualdad de oportunidades entre las mujeres y los hombres que integran las comunidades universitarias, declararon que:

“Las universidades y las instituciones de educación superior y, siguiendo principios y normativas nacionales e internacionales, en particular la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, están comprometidas a promover, en sus reglas de operación internas, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres así como a impulsarla en la sociedad. En consecuencia, el conjunto de instituciones que imparten educación superior en nuestro país deben interesarse en transversalizar la perspectiva de género de manera orgánica…”. 

Compromiso que fue ratificado el 6 y 7 de septiembre del 2010 en el seno de la “II Reunión Nacional de Universidades Públicas. Caminos para la Equidad de Género en las Instituciones de Educación Superior”, en el que las IES revisaron los avances y obstáculos en la institucionalización y transversalización de la perspectiva de género en cada una de las instituciones. En la II Reunión se intercambiaron experiencias e identificaron estrategias comunes, así como acciones a las que se les da seguimiento.

 

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Se propone una Coordinación General con tres áreas sustantivas:

1.Investigación y Posgrado

Objetivo: Consolidar los estudios de género en la UAQ, desde un enfoque transversal, a partir de proyectos específicos que adopten como presupuesto básico la perspectiva de género o de aquellos que identifiquen los impactos diferenciados del conocimiento.

Incluir materias, unidades o créditos en los que se aborde la perspectiva de género en todos los posgrados de la Universidad.

 

2.Unidad de Género para la Transversalidad

Objetivo: Incluir la perspectiva de género en el curriculum y la política institucional de la UAQ a nivel estructural y transversal

 

3.Género en Extensión

Objetivo: Articular el proyecto de transversalización de la perspectiva de género con los proyectos institucionales, con los de las OSC y de los poderes del Estado en general

Generar demandas institucionales y prácticas inéditas en materia de género

Incorporar la perspectiva de género en el sector privado  

 

De toda estas experiencias queremos destacar el Proyecto denominado “Fortalecimiento de las Competencias para la Transversalización de la Equidad de Género en la UAQ”, desarrollado en 2009 conjuntamente por el PIEG y la Subsecretaria de Educación Superior de la SEP y el Proyecto Institucionalización y Transversalización de la Perspectiva de Equidad de Género en la Universidad Autónoma de Querétaro (2011-2012) a partir del cual se ha podido obtener interesantes datos en torno a la complejidad de las relaciones en que se encuentran inmersas mujeres y hombres de forma diferenciada dentro de la UAQ, al revelarnos algunas situaciones de discriminación e inequidad; así el análisis ha permitido detectar las necesidades y principales problemas existentes dentro de la comunidad universitaria, con la idea de diseñar una estrategia de transversalización de la perspectiva de género más eficaz dentro de la UAQ. No obstante, se asume que aún falta mucho por lograr y es la intención seguir mirando hacia el interior de Nuestra Máxima Casa de Estudios, para aprovechar al máximo su capacidad de convocatoria en la región y las posibilidades que ofrece de incidir en el desarrollo de competencias de las nuevas generaciones, potenciando de ese modo los esfuerzos de las instituciones que la apoyan, como sería el caso de la Unión Europea con el presente proyecto.

La educación de hombres y mujeres en igualdad favorece el acceso y permanencia de ambos en el ámbito educativo, una mayor diversificación profesional y sienta las bases de una participación más igualitaria de hombres y mujeres en el empleo y el ingreso, en la política y en la sociedad. Por ello una política educativa que pretenda promover cohesión social debe ir dirigida a garantizar una educación de calidad, no sexista y en igualdad de oportunidades, resultando fundamental para este logro que se trabajen los valores de igualdad de género de manera clara y audaz, tanto con el personal académico, como administrativo y estudiantil. En palabras de Gabriela Delgado los principios de calidad y pertinencia educativa nos exigen no sólo propiciar la construcción de conocimientos, también motivar a la población estudiantil para que se apropie de su entorno, lo que requiere desplegar los contenidos de la currícula educativa en un contexto de porvenir; para ello debe  atenderse a la diferencia de sexo de las personas y de las formas de relación entre docentes y estudiantes, así como las motivaciones, aspiraciones y percepciones que los docentes fomentan entre el estudiantado (Calidad y Pertinencia Educativas, en “Este País” núm. 191, Febrero 2002).

Los procesos de transformación que demanda el desarrollo social son realizados por mujeres y hombres genéricamente diferenciados. Los géneros son grupos biosocioculturales, construidos históricamente a partir de la identificación de características sexuales que clasifican a los seres humanos corporalmente, y que asignan de manera diferencial un conjunto de funciones, actividades, relaciones sociales, formas de comportamiento y normas. De acuerdo con Marcela Lagarde se trata de un complejo de determinaciones y características económicas, sociales, jurídicas, políticas y psicológicas, es decir, culturales, que crean lo que en cada época, sociedad y cultura son los contenidos específicos de ser hombre y ser mujer. De esta forma los obstáculos para el acceso y permanencia de mujeres y hombres en la educación son diferentes en función del género. Así, por ejemplo, las jóvenes pueden enfrentar problemas específicos en los centros educativos por la distancia respecto de los hogares o la seguridad y las familias pueden percibir el coste de la educación de las hijas como superior. Estas diferencias se agravan en el ámbito rural y en comunidades indígenas. En América Latina en general y en el caso de México en particular, hoy en día el mayor problema para las jóvenes estudiantes no es tanto el acceso como la permanencia, pues la obligación de atender a los hermanos menores y el trabajo del hogar, las uniones tempranas o el embarazo adolescente son determinantes en la retirada de la universidad o el fracaso académico, que hacen que la brecha de género aumente a partir de la adolescencia. De ahí la importancia fundamental de integrar una perspectiva de género en la política educativa y más concretamente en la universidad. 

De acuerdo con Daniela Zapata (Transversalizando la Perspectiva de Género en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. 2007, Santiago de Chile, Naciones Unidas-CEPAL) mayores niveles de educación para las niñas y jóvenes facilitan su acceso a empleos de calidad al ser adultas. Además, las madres con mayor educación tienen hijos más sanos, con mejor nutrición y con mayor probabilidad de asistir al colegio. Más aún, las mujeres educadas tienen menores niveles de fertilidad que las de menor educación. Por lo tanto, la educación de las niñas y jóvenes tiene un efecto multiplicador en el bienestar de toda la sociedad.

En el caso concreto de la UAQ todo esto nos lleva a la necesidad de contar con un diagnóstico certero de la situación de hombres y mujeres dentro de la misma, mediante la elaboración de indicadores de género que permitan medir las condiciones de equidad entre ambos sexos. Ello facilitará por un lado una atención diferenciada de las necesidades e intereses específicos de las mujeres en el ámbito educativo, (p.e. mediante el apoyo a las madres adolescentes) y por otro averiguar por qué los resultados excelentes en la educación no se corresponden con una mejor situación laboral, económica y social para las mujeres, (p.e. visibilizando la incidencia de elección de las materias técnicas por parte de las estudiantes, la posición de las mujeres en puestos de dirección académica, etc.).  

Ante el hecho de que la UAQ alberga la población estudiantil más numerosa del estado, se hace necesario y pertinente comprender quiénes integran la planta académica, administrativa y estudiantil, en número y sexo, para posibilitar una mirada más profunda de los procesos en los que se encuentra la universidad y el avance que se ha tenido en equidad de género.

Precisamente, a partir de la oportunidad brindada por el proyecto ya citado, se han evidenciados los siguientes datos: que el personal académico de la UAQ en su ciclo 2009-2010 era de 2.198 docentes, de los cuales 860 son mujeres y 1.338 hombres. De acuerdo con la Comisión de Seguimiento de las Reformas de Equidad de Género en la UNAM, cuando la participación de mujeres representadas es inferior al 40% se considera una platilla  masculina (Buquet A. et al. Presencia de Mujeres y Hombres en la UNAM: una Radiografía. 2006, UNAM-PUEG). Lo anterior nos muestra que los porcentajes de 38.4% de académicas y 61.6% de académicos reflejan una plantilla docente masculina en la UAQ.

En la modalidad de contratación de tiempo completo, la UAQ tenía una plantilla de 540 docentes, de los cuales 313 eran hombres y 227 mujeres, siendo la diferencia de un 16.2%, por lo que en términos generales se consideraría una plantilla mixta. Pero si se analizan separadamente las 14 facultades en las cuales se divide las UAQ, se observa que por contratación de tiempo completo 3 de ellas son facultades femeninas: Psicología, Lenguas y Literatura y Enfermería (ésta con 90% mujeres con contratación de tiempo completo); mientras que las facultades de Bellas Artes, Derecho, Filosofía, Informática, Medicina e Ingeniería (ésta con 84% hombres contratados de tiempo completo) son masculinas.

Además en la plantilla docente de la UAQ para ese periodo existían 345 investigadores e investigadoras de los cuales 192 (55.7%) eran hombres frente a 153 (44.3%) mujeres, de los cuales sólo 119 se encontraban dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI); pero se observa que a medida que aumenta la categoría y el nivel, la proporción de mujeres va disminuyendo (hasta el grado de que Derecho e Informática no contaban con ninguna investigadoras en el SNI). 

En cuanto a estudiantes, en el ciclo escolar 2008–2009 (último periodo del que se tenían datos desagregados por sexo en el citado proyecto) la UAQ contaba con una población estudiantil de 24.975 alumnos de los cuales el 57% eran mujeres y el 43% hombres. Esto nos dice que de cada 10 alumnos inscritos 6 son mujeres y 4 son hombres, por lo que para dicho ciclo escolar existía una mayoría de mujeres estudiantes en la UAQ. Sin embargo todavía se detectan sesgos ligeros en la distribución por nivel/programa y sexo, pues al aumentar el nivel de estudios se va reduciendo la ratio de feminidad (a modo de ejemplo, el porcentaje de mujeres en la licenciatura de derecho en el campus de Querétaro era de 55.37%, mientras que a nivel de doctorado en esa misma facultad y campus es del 20%, lo que nos habla de una clara segregación vertical pues a medida que se sube de nivel hay menos mujeres estudiando). De igual manera si desglosamos los datos por carreras la distribución de la población estudiantil por sexo varía, pues mientras en la licenciatura en Enfermería (modalidad a distancia) el 92% eran mujeres, en la de Ingeniería Electromecánica el 88% era hombres. Lo anterior supone que, a pesar de haber un mayor número de mujeres estudiando una licenciatura, el grueso de ellas lo hacen en una profesión tradicionalmente considerada “femenina” (enfermería y nutrición) mientras que los hombres siguen teniendo mayor presencia en las profesiones consideradas “masculinas” (ingenierías).

Ante este contexto consideramos que cobra especial relevancia la transversalización de la perspectiva de género, entendiendo por tal el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los hombres y para las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de legislación, presupuesto, políticas, planes o programas, en todas las áreas y en todos los niveles de la UAQ. En definitiva la transversalización constituye una estrategia para conseguir que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, al igual que las de los hombres, sean parte integrante en la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de todo el quehacer universitario, de manera que las mujeres y los hombres puedan beneficiarse de ello en condiciones de igualitarias y no se perpetúe la desigualdad. 

Creemos que una propuesta de proyecto educativo que busque tener un impacto en las relaciones, acciones y resultados más equitativos debe partir necesariamente de la transversalización de la perspectiva de género, no sólo en la planificación y programación de las actividades docentes universitarias sino también en la gestión de los centros y en la política de los recursos humanos, como único medio idóneo para facilitar la sensibilización y formación en género del personal universitario y estudiantes, el diseño de los presupuestos y de la legislación universitaria con perspectiva de género y una planeación y programación educativa con perspectiva de género. En definitiva una cultura institucional universitaria de equidad e igualdad, y por tanto más justa. Esa y no otra es la finalidad que persigue el presente proyecto, incidir, permear, transformar, impactar, para lograr un cambio social en positivo, en otras palabras, trascender a través de la educación.

Sabemos que el proceso de transversalización es lento, de largo plazo y necesita de recursos sostenibles de impulso, control y vigilancia; que requiere de la implicación de toda la Universidad, en todas sus áreas, departamentos, sectores y niveles de toma de decisiones; que nos exige una capacidad de análisis y comprensión de la dimensión de género hacia adentro de la institución y hacia fuera en todas sus manifestaciones, además del abordaje de resistencias y necesidades de manera sistemática; que necesita de un programa de trabajo y de la voluntad firme de ponerlo en práctica de manera ampliamente participada y teniendo en cuenta todas las implicaciones subjetivas y personales. En otras palabras, se requieren esfuerzos importantes para trasladar la retórica de la transversalización a la realidad y la práctica de las instituciones y políticas educativas, para así evitar el llamado “desvanecimiento” o “evaporación de la perspectiva de género. Creemos que el presente proyecto puede ser un medio idóneo y eficaz para lograrlo.