Factultad

 

Los tiempos que vivimos se han caracterizado por una serie de cambios de los que nadie ha quedado excluido: los hombres, las sociedades y las instituciones educativas que marchan en Los tiempos dirección a este siglo XXI. Tienen como característica común un tránsito a un mundo nuevo, marcado por el perfil de una globalización económica geopolítica, cultural y científica tecnológica, donde las fronteras tienden a perder sus significados  de delimitación territorial de separación imaginaria y real de las cosas. Con el mundo globalizado encontramos a la frontera como una ligera idea de límites virtuales y con un marcado carácter de convencionalidad concertada. Los límites de hoy son solo imaginarios. Esto hace imperativa la recuperación de la historia como un instrumento que sin obstaculizar la marcha de los tiempos modernos establezca también las limitaciones fronterizas que deben permanecer frente a la ola globalizadora y sus cambios veloces. La historia sigue siendo un factor determinante de fronteras entre países hechos y procesos socioculturales la historicidad significa por encima de todo un viaje al pasado desde los escenarios del presente. Un encuentro entre los tiempos que constituye a una institución contribuyendo así a preservar la identidad que sin duda debe preservarse como un límite  necesario, por eso consideramos el análisis histórico de la realidad sigue siendo necesario  como una forma de recuperar la memoria, que nos permita revalorar el presente desde un enfoque de multidimensional. Sin ello el hombre este siglo no podrá ocupar el papel protagónico que le corresponde como sujeto activo, propositivo y transformador de su entorno.
Las universidades modernas al igual que las sociedades son espacios extremadamente complejos por la dinámica que los caracteriza por los actores que confluyen  en ellas, por las funciones que desempeñan y por el compromiso que asumen con el progreso socio-cultural, hoy más que nunca. La educación superior tienen en sus espacios la tares de construir las bases para desarrollar al hombre del futuro en sus dimensiones política, cultural, social y humana.
La universidad es y deberá ser un espacio productor de conocimientos en esta medida se convierte en potencializador de las nuevas generaciones, hoy su futuro se encuentra estrechamente ligado al futuro de la sociedad y no solo eso la universidad tiene como reto contribuir a que este marche en el sentido y dirección correcta de ahí que la historia sea por encima de todo portadora de porvenir.