Fraude con títulos de crédito: el caso pagaré
León P. Ramírez Gómez*

La dinámica en el intercambio de bienes ha obligado en nuestros días al empleo de formas de pago distintas al dinero, lo que ha conducido a todas las ramas del derecho a tutelar los intereses de los acreedores a ser debidamente retribuidos cuando se otorga a su favor un título de crédito. Cuando esto no ocurre así, el derecho penal se encarga de punir al que ha cometido tal injusto mediante la tipificación de la conducta que conocemos como fraude. El artículo 194 de nuestro actual código penal para el estado de Querétaro, en su fracción III describe precisamente la conducta señalada en lo siguiente:

“[Cometerá el delito de fraude el] ...que obtenga de otro una cantidad de dinero o cualquier otro lucro otorgándole o endosándole a nombre propio o de otro un documento nominativo, a la orden o al portador contra una persona supuesta o que el otorgante sabe que no ha de pagarle”.

Dicha descripción es parte de los denominados fraudes específicos, los cuales en opinión de los estudiosos del derecho penal constituyen delitos autónomos del fraude genérico contenido en el artículo 193 del mismo cuerpo normativo; pero que dada su autonomía, la tipicidad de la conducta descrita agota los elementos del tipo sin necesidad de actualizar los elementos del tipo del fraude genérico. Esto significa que basta con realizar la conducta anteriormente descrita para cometer el delito de fraude.

La redacción del tipo, sin embargo, deja de lado a un importante título de crédito: el pagaré. Esto tiene lugar de la siguiente manera: el fraude específico en comento tiene los siguientes elementos que son requeridos para su comisión: a) obtención de un lucro para el sujeto activo (ganancia para el probable delicuente); b) que en razón de ello le otorgue al sujeto pasivo o le endose a nombre propio o de otro, un documento nominativo, a la orden o al portador; es decir, que el ofendido reciba un título (v.gr. cheque) del probable delincuente a cambio de dinero, por señalar un lucro; y, c) que ese documento se otorgue contra una persona supuesta (que no existe) o (real) que el otorgante sabe que no ha de pagarle. De un breve análisis a los elementos que contiene el tipo se desprende que el otorgamiento de un pagaré no cumpliría con el elemento c) ya que el pagaré tiene como característica fundamental la de ser un título en que la obligación de pago la hace el suscriptor directamente al tenedor del mismo; es decir, el pagador del título no será un tercero inexistente o un tercero que no habrá de pagar, precisamente como podría ocurrir con títulos como la vieja letra de cambio (caso del girado) o con el cheque (caso del librado). Esto significa que la descripción del tipo se orientó a títulos triangulares, dejando fuera de su protección a un título lineal como lo es el pagaré. Lo cual en otras palabras quiere decir que es necesaria la existencia de un “tercero pagador” si se permite la expresión.

En tal sentido, la jurisprudencia se ha pronunciado en escasas oportunidades a favor de la inexistencia del delito en tratándose de suscriptores de pagarés, dejando a los tomadores de los títulos desprotegidos en el campo penal. Como en este caso:

“’También comete el delito de fraude: IV. El que obtenga de otro una cantidad de dinero o cualquier otro lucro, otorgándole o endosándole a nombre propio o de otro, un documento nominativo, a la orden o al portador, contra una persona supuesta o que el otorgante sabe que no ha de pagarlo.’ Dicho supuesto no se actualiza si el inculpado otorga un pagaré a cargo de sí mismo, a favor del ofendido, porque de ser así no se reuniría el último requisito que exige el tipo penal a estudio, pues la expedición del documento contra una persona supuesta o ‘que el otorgante sabe que no ha de pagarlo’ evidentemente alude a un tercero y no al propio otorgante.”1 (las cursivas son nuestras).

Sin embargo, podría aducirse que el tipo de fraude genérico es más que suficiente para sancionar los suscriptores de pagarés que una vez llegados sus vencimientos omitiesen su obligación de pago. Conviene recordar en este caso el texto de este fraude genérico:

“Artículo 193.- Al que engañando a alguien o aprovechándose del error en que éste se halla, se haga ilícitamente de alguna cosa o alcance un lucro indebido”

Tal argumento es cierto pero a medias, ya que entonces sería menester que la conducta del suscriptor se adecuara a la hipótesis del engaño que exige el tipo genérico para obtener el beneficio del tomador, esto significa que el suscriptor debería de realizar actividades tendientes a crear en el pasivo una percepción falsa de la realidad y así obtener el lucro. Como se puede apreciar, la labor tendiente a acreditar el cuerpo del delito sería aún más penosa y en la inmensa mayoría de los casos infructuosa.

El tipo penal comentado, no es, sin embargo, una pretensión del Estado a sancionar penalmente conductas de naturaleza mercantil, sino a compeler a aquellos que dolosamente obtienen un beneficio de un tomador de títulos. Bien podría adoptarse en contra de un criterio penalista el hecho de que el acto de emisión de un cheque sí merece una mayor protección en virtud de ser un acto de comercio que se realiza con inusitada regularidad, además de que constituye un título de eminente pago sustituto de dinero aunque con efectos jurídicos diversos (la condición “salvo buen cobro”), en tanto que el pagaré tiene como propósito el diferimiento de un pago, y cuyo incumplimiento generaría únicamente acción mercantil (lo mismo que todos los títulos de crédito), mas no penal. Pero contrario a este criterio, creemos que la no inclusión de este título en la descripción del artículo 194, fracción III deja sin sanción importante a los deudores “profesionales” que obtienen créditos mediante suscripción de pagarés (a falta de su posibilidad de ser libradores de cheques) a favor de beneficiarios que obran de buena fe.

En nuestra opinión, la ausencia de tipicidad en la suscripción dolosa de títulos que el sujeto beneficiado con ello sabe que no habrá de pagarlos constituye un atractivo para aquellos que por este medio obtienen algún lucro o beneficio, y cuya demostración de engaño —a propósito del tipo genérico— es poco más que una prueba de fuego.

1 Novena Época, Instancia: Segundo Tribunal Colegiado del Décimo Octavo Circuito, Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Tomo: I, Mayo de 1995, Tesis: XVIII.2o.1 P, Página: 367

Para saber más:

ZAMORA Pierce, Jesús, El fraude, 3ª ed., México, Porrúa, 1993.

Correo: lprg77@hotmail.com

*El autor es alumno de la maestría en Derecho de la División de Estudios de Posgrado de esta Facultad.

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